
Hay ocasiones en las que la vida nos devuelve, multiplicado, algo de lo que hemos ido sembrando por el camino. A veces sucede de manera inesperada, en un lugar al que llegamos por una invitación y del que regresamos con la sensación de haber recibido mucho más de lo que podíamos imaginar. Eso me ocurrió en Puente Genil, durante los días 2 y 3 de octubre, con motivo del XII Encuentro de Poesía, Música y Plástica La mañana del mundo y del homenaje que allí se celebró por los treinta años de Músicas posibles.